http://dx.doi.org/10.24016/2021.v7.180
ARTÍCULO ORIGINAL
Género, impactos psicoemocionales
y experiencias asociadas con COVID-19 en adultos de Guadalajara, México
Gender, psycho-emotional impacts and experiences
associated with COVID-19 in adults from Guadalajara, Mexico
Bersabee Aguirre Gutierrez 1
y Karla Alejandra Contreras Tinoco 1, 2
1 Instituto Tzapopan, Guadalajara, México.
2 Centro
Universitario de la Ciénega, Universidad de Guadalajara, Guadalajara, México.
*
Correspondencia: ctka_28@hotmail.com.
Recibido: 23
de septiembre de 2020 | Revisado: 07
de junio de 2021 | Aceptado: 09 de julio
de 2021 | Publicado Online: 24 de julio de 2021.
CITARLO COMO:
Aguirre
Gutierrez, B. & Contreras Tinoco, K. A. (2021). Género, impactos psicoemocionales
y experiencias asociadas con COVID-19 en adultos de Guadalajara, México. Interacciones, 7, e180. http://dx.doi.org/10.24016/2021.v7.180
RESUMEN
Introducción:
El COVID-19 es un virus que no solo afecta la salud
física, sino que impacta en la salud psicoemocional y en la vida cotidiana de
las personas, alterando las dinámicas familiares, laborales, relacionales,
educativas y de aprendizaje, entre muchas otras. Objetivo: En este estudio se buscó determinar las diferencias de
género en cuanto a los impactos psicoemocionales y las experiencias
relacionadas con la pandemia del COVID-19 en población adulta de la zona
metropolitana de Guadalajara, México. Método:
Se implementó un estudio cualitativo, con teoría fundamentada en los datos, a
través de entrevistas semiestructuradas (diez mujeres y tres hombres) y
mediante un muestreo no probabilístico por conveniencia. Resultados: Destaca que la experiencia relacionada con COVID-19 ha
generado emociones negativas, conflictos de pareja y malestar asociado a la
imposibilidad de realizar actividades recreativas. En el caso de las mujeres se
han visto trastocadas sus rutinas y han tenido mayor demanda de cuidado y
atención de los hijos (en cuanto a la realización de tareas escolares, el
tiempo de convivencia, etc.). En cambio, los hombres muestran mayor
preocupación por la dificultad trabajar desde el hogar. Conclusión: La pandemia ha impactado de manera distinta a hombre y
mujeres, ante esta nueva realidad es fundamental activar los elementos de
soporte que faciliten la externalización de las limitantes de movilidad, del
cambio de ritmo de vida, del impacto emocional y de los elementos tensionantes que la experiencia del COVID-19 pudo generar
en la población.
Palabras
clave: COVID-19; salud
psicoemocional; experiencia; género.
ABSTRACT
Background: COVID-19 is a virus that not only affects physical
health, but also impacts people's psycho-emotional health and daily life,
altering family, work, relationship, educational and learning dynamics, among
many others. Objetive: This study
sought to determine gender differences in terms of psycho-emotional impacts and
experiences related to the COVID-19 pandemic in the adult population of the
metropolitan area of Guadalajara, Mexico. Method:
A qualitative study was implemented, with theory based on the data, through
semi-structured interviews (ten women and three men) and through a
non-probabilistic convenience sampling. Results:
It stands out that the experience related to COVID-19 has generated negative
emotions, couple conflicts and discomfort associated with the inability to
carry out recreational activities. In the case of women, their routines have
been disrupted and they have had a greater demand for the care and attention of
their children (in terms of carrying out schoolwork, time spent together, etc.).
In contrast, men show greater concern about the difficulty of working from
home. Conclusion: The pandemic has
impacted men and women differently, in the face of this new reality it is
essential to activate the support elements that facilitate the externalization
of mobility limitations, changes in the rhythm of life, emotional impact and
stressful elements that the experience of COVID-19 could generate in the
population.
Keywords: COVID-19; psychoemotional
health; experience; gender
INTRODUCCIÓN
El 31 de diciembre del 2019 la Organización Mundial de la Salud
(OMS) anunció el primer brote de COVID-19 en Wuhan, China. Para el 12 de abril
del 2020 había 610,745 casos, en 54 países de las Américas, de los cuales 4,219
pertenecían a México (OMS, 2020). El 6 de mayo del 2020 ya había 3.5 millones
de casos de COVID-19 en todo el mundo y para el 14 de julio ya eran 12,964,809
casos confirmados y 570,288 defunciones. Estas cifras muestran el aumento
acelerado y vertiginoso que ha tenido la enfermedad en todo el mundo. El
COVID-19 es especialmente peligroso porque presenta un índice de mortandad que
“oscila entre el 3% y 4%” (OMS, 2020, s/p), es decir, mayor a la gripe común
cuya mortalidad es del “0.1 %”.
En México, hasta el 14 de julio del 2020 había 311,486 personas
contagiadas y 36,327 defunciones. Tan solo 16 días después, el 1 de agosto de
2020, ya se reportaban 434, 193 contagiados (Gobierno de México, 2020). El
índice de mortalidad por la enfermedad en México es especialmente alto, reportando
hasta el cuatro de agosto del presente año, “48,869 casos” (Secretaria de
Salud, 2020).
Si bien el “81% de los casos parecen ser leves, cerca de 14%
parece devenir en un cuadro grave y alrededor de 5% son casos críticos”
(Respuesta de la OPS/OMS a COVID-19, 2020, p. 3). Los casos con síntomas graves
se relacionan con factores de riesgo como edad (60 años en adelante), presencia
de diabetes, hipertensión, problemas respiratorios crónicos, cáncer y sobrepeso
(Respuesta de la OPS/OMS a COVID-19, 2020).
Además, esta enfermedad ha sido devastadora para México debido a
que el país no cuenta con la infraestructura médica, ni con las condiciones
económicas para dar respuesta a una pandemia de estos niveles, sobre todo si se
toma en cuenta que el 41.9% de su población se encuentra en pobreza, de los
cuales el 7.4 % es extrema, el 6.9 % presenta vulnerabilidad económica y el
29.3% se encuentra en vulnerabilidad social (Consejo Nacional de Evaluación de
la Política de Desarrollo Social [CONEVAL], 2020).
En cuanto a las estrategias preventivas para encarar el tema, en
términos generales todos los gobiernos del mundo optaron por: el aislamiento
social, el uso continuo de gel antibacterial, el
cierre temporal de grandes y pequeñas empresas, el uso de cubrebocas (obligatorio),
limitar el flujo de personas en las calles, la suspensión de clases
presenciales, entre muchas otras. Si bien, muchas de estas decisiones están
sólidamente justificadas, no podemos negar que al poner el énfasis en el
cuidado de la salud física se descuidan otras áreas de la vida de las personas
tales como la salud mental y emocional.
Por ello, se puede afirmar que esta enfermedad no solo afecta (o
atenta) la salud de la población mundial, sino que, además impacta en sus
relaciones afectivas, en sus dinámicas familiares, laborales, relacionales,
educativas y de aprendizaje, entre muchas otras.
Cabe resaltar que al ser seres sociales las limitantes con
relación al distanciamiento social pudieran ser desencadenantes de tensión,
estrés y enojo difíciles de asimilar, situación que podría acarrear otras
patologías; como lo son los procesos depresivos, trastornos de ansiedad, el
estrés excesivo, entre otros. Como lo demuestra una encuesta efectuada a 1,210
personas de China a partir de la pandemia en la cual “el 53.8% valoró el
impacto psicológico como moderado-grave, un 16.5% refirió síntomas depresivos
entre moderados o graves, un 28.8% síntomas de ansiedad entre moderados o
graves y un 8.1% niveles de estrés entre moderados o graves” (Wang et al., 2020
citado en Inchaustia et al., 2020, p. 1).
En el mismo sentido, se puede referir el estudio de
Ozamiz-Etxebarria et al. (2020) en el Norte de España, en el que se exploró
estrés ansiedad y depresión. Las autoras usaron una metodología cuantitativa
que se llevó a cabo en 976 personas de la Comunidad Autónoma Vasca. Entre los
resultados destacan varias cosas:1) una participación mayormente femenina en el
estudio; 2) una mayor presencia de ansiedad y depresión en población joven o
con enfermedades crónicas; 3) impactos psicoemocionales derivados de la información
sin filtro de los medios de comunicación. Finalmente, las autoras concluyen
reafirmando la relevancia y necesidad de prevenir las enfermedades mentales y
gestionar las emociones para afrontar el COVID-19.
Por todo lo anterior, en este trabajo se buscó indagar: ¿Cuáles
son los impactos psicoemocionales y las experiencias asociadas con la pandemia
del COVID-19 en población adulta de la zona metropolitana de Guadalajara,
Jalisco? Así como identificar ¿Qué diferencias de género hay en la vivencia de
la pandemia COVID-19?
Cabe señalar que interesó explorar las diferencias de género en
cuanto a las experiencias vinculadas con COVID-19, ya que diversas autoras
(Carrillo, 2017; Palomar, 2007) han señalado que el orden social de género es
una categoría simbólica que, partiendo de la diferencia entre los sexos,
organiza y da sentido al mundo social. Para estas autoras el orden social de
género orienta las prácticas, las experiencias, las acciones y los roles de los
sujetos según su sexo. Este tipo de organización simbólica no es autónomamente
construida y tampoco es natural, más bien ha sido construida social y
culturalmente a través de una serie de normas, leyes, instituciones, valores y
acuerdos que son impuestos sobre los sujetos sexuados incluso antes de su
nacimiento, lo problemático de este tipo de organización es que genera
jerarquías y relaciones de poder y organiza/determina la experiencia de ser
sujeto social (Scott, 1999; 2008).
Dado que tan solo algunos estudios han abordado el impacto
diferenciado entre hombres y mujeres de la experiencia del confinamiento
derivado de COVID-19 (Johnson et al.,2020; Idoiaga et.al., 2021; Ghazawy et.al., 2020) sigue siendo relevante el estudio y la
búsqueda de comprensión de los impactos a la salud mental y emocional que está
teniendo COVID-19 en hombres y mujeres.
En suma, en la presente investigación se analizaron las
diferencias de género en torno al impacto psicoemocional y las experiencias
generadas por la pandemia del COVID-19 en población adulta de la zona
metropolitana de Guadalajara, México.
El artículo está organizado de la siguiente manera: a esta
introducción le sigue una presentación breve de los antecedentes que podrían
interferir en las afectaciones psicoemocionales de la pandemia por COVID-19.
Luego, se describe lo qué se entiende por impactos psicoemocionales y
experiencias. Seguidamente, se relatan las decisiones y rutas metodológicas
seguidas en el trabajo indagativo. Posteriormente, se
presentan los resultados, discusión y algunas conclusiones
Impacto psicoemocional
La salud psicoemocional se compone de la relación que establecemos
con nosotros mismos, con los demás y de la forma en que respondemos ante las
demandas de la vida (Pacheco, 2003). Esta se ve favorecida o afectada
especialmente por los siguientes factores: “el medio ambiente: factores
físicos, químicos, biológicos, psicosociales y socioculturales, el estilo de
vida y el sistema sanitario” (Pacheco, 2003 párrafo 16).
Una de las dimensiones de impacto psicoemocional es la
satisfacción personal. Conforme Pacheco (2003) ésta se compone de diversas
capacidades tales como aceptar y contar con la libertad de expresar las
emociones, ser resolutivo ante los problemas y decepciones, contar con una
actitud positiva ante la vida, reconocer y validar las habilidades personales,
aceptar y respetar la propia persona, contar con habilidades resilientes y
disfrutar las cosas simples de la vida.
La segunda dimensión se refiere a la relación con los demás. Al
respecto, Pacheco (2003) menciona que la persona debe contar con habilidades
empáticas, de mantener relaciones con los demás de forma prolongada y
satisfactoria, de establecer una relación de confianza mutua, respetar la
diversidad de pensamiento, mantener una relación basada en la justicia y
equidad, contar con un nivel satisfactorio en cuanto al sentido de pertenencia,
así como una adecuada implicación a nivel social.
El tercer componente de la salud psicoemocional es la capacidad de
respuesta ante las demandas de la vida y está conformada por nueve
subcategorías: la capacidad para resolver problemas, la capacidad de asumir los
compromisos personales, la capacidad de autoajustarse
a las circunstancias, contar con proyectos a largo, mediano y corto plazo,
contar con flexibilidad y apertura ante nuevas experiencias, reconocer y ser
capaz de utilizar las habilidades personales, contar con la capacidad de
posicionarse ante la realidad, contar con capacidad de decisión, por último,
sentirse satisfecho ante el hacer cotidiano (Pacheco, 2003).
Algunos factores que pueden afectar la salud psicoemocional de las
personas durante una pandemia son: a) el tiempo que se prolongue el
aislamiento, b) el temor al contagio, d) la falta o limitado acceso a los
recursos básicos, e) un limitado acceso a información fidedigna, f) la
incertidumbre ante el nivel de riesgo. Situaciones a las que se añade la
pérdida del empleo, la reducción de la entrada económica, un inadecuado manejo
en los procesos educativos y de crianza, entre otros (Brooks et al, 2020 citado
en Piña-Ferrer, 2020).
Estas situaciones pueden desencadenar crisis colectivas y
dificultades psicoemocionales. Tal como ocurrió en España en donde las personas
reportaron que a partir del aislamiento social causado por el COVID-19
experimentaron “desesperación, perdida de libertad,
aburrimiento, insomnio, poca concentración e indecisión, irritabilidad, ira,
ansiedad, angustia […] todo ello puede traer consigo efectos dramáticos sino
son bien canalizados. Todos estos considerados factores altamente estresores y
contraproducentes para el ser humano” (Piña-Ferrer, 2020, p.194).
Experiencia
La palabra experiencia proviene del “latín experiri,
comprobar […] indica acumulación del saber […] marcando una reflexión
subjetiva” (Ander-Egg, 2016). Por lo tanto, la
experiencia está relacionada con la interpretación que se le
otorga a los acontecimientos vividos en un tiempo y contexto determinado (White
& Epston, 1993), generando así una validez internalizada por el sujeto. La
experiencia personal está condicionada por la comunidad, marcando así una
realidad social (Habermans, 2001). Tal como lo menciona Bateson (1980), el
método interpretativo envuelve la forma de percibir los acontecimientos, de ahí
la subjetividad de los hechos.
Otros elementos presentes en la interpretación que cada persona
realiza de la experiencia personal son, las palabras, las cuales dejan al
descubierto posturas emocionales, relacionales y de reacción, influyendo
directa e indirecta en las acciones (Habermans, 2002). La forma de responder
ante los acontecimientos ya sea que estos sean estresores o disfrutables, nos
permite acercarnos a la experiencia e interpretación que la persona está
generando de un acontecimiento.
La experiencia en sí misma, implica una “estrecha relación entre
saber y racionalidad permitiendo sospechar que la racionalidad de una emisión o
de una manifestación depende de la fiabilidad del saber que encarnan” (Garrido,
2011). De tal forma que, la vulnerabilidad nos invita a descubrirnos
constantemente en las acciones presentes y pasadas, pues como lo menciona Morin
(1990 citado en Paiva, 2004) la complejidad de los hechos implica la
imposibilidad de escapar de la incertidumbre dejando al descubierto nuestra
vulnerabilidad ante la imposibilidad de saberlo todo.
Complementando esta idea, Minuchin menciona que “la información,
actitudes y formas de percibir son asimiladas y almacenadas, y se convierten en
la forma de acercamiento de la persona al contexto habitual con el que
interactúa” (1979: 27).
Por tanto, los cambios generados por una pandemia en los esquemas
cotidianos de la persona activan elementos que generan tensión, de tal manera
que a mayor fluctuación mayor será la necesidad de modificar y reajustar las
percepciones (Minuchin & Fishman, 1983). Generando así una demanda
inmediata de reajuste o cambio en la dinámica cotidiana, la cual puede o no
activar elementos de enfrentamiento como: el bloqueo de la habilidad para
resolver problemas (respuesta relacionada con experiencias previas), modificar
las interacciones sociales, generar una modificación psicológica, alterar la
percepción, provocar un miedo excesivo, producir angustia, generar una tristeza
profunda, desencadenar problemas para dormir, activar la negación, provocar
resistencia ante los sucesos, limitar la comprensión de los hechos, etc. (Slaikeu, 1996). Partiendo de esta idea se considera que el
significado que se le otorga a la experiencia de la pandemia se encuentra
ligado a los significados, los símbolos y las realidades intersubjetivas que
forman parte de la vida cotidiana de los actores, los cuales a pesar de ser
diversos tienen similitudes sociales y culturales.
MÉTODO
Tipo de estudio y
diseño de investigación
El estudio es de tipo cualitativo, ya que este favorece el
análisis de la estructura interna del relato, centrándose en las narraciones y
las interpretaciones de los sujetos acerca de un evento o situación. Facilita
una visión binocular de la experiencia que, aun cuando es universal, genera
distintas interpretaciones (Hernández- Sampieri, 2014) sobre un mismo fenómeno
social. El diseño del estudio fue teoría fundamentada de los datos (TDF); el
entendimiento del fenómeno surgió de los datos obtenidos. Este diseño de
investigación es sensible a las expresiones de los participantes y busca dar
respuesta a los procesos sociales presentes en ambientes naturales (Sampieri,
Fernández & Baptista, 2010). A través de la TFD se busca vislumbrar las
similitudes o diferencias en la experiencia de la pandemia generada por el
COVID-19, así como determinar patrones de comportamiento de la muestra
poblacional. “Esta aproximación se basa en métodos de recolección de los datos
no estandarizados. No se efectúa una medición numérica; por tanto, en lo
esencial el análisis no es estadístico. En este diseño, la estrategia de
recolección de los datos consiste en obtener las perspectivas y puntos de vista
de los participantes” (Hernández- Sampieri, 2014, P. 19), esto mediante entrevista
semiestructurada con pilotaje previo.
Cabe señalar que el alcance del estudio fue
exploratorio/descriptivo y de tipo transversal. Además, el trabajo se realizó
con perspectiva de género, lo cual posibilitó entender el fenómeno como parte
de un orden de género que ha establecido jerarquías, diferencias y relaciones
de poder entre los sexos. Estas condiciones son las que enmarcan la experiencia
diferenciada de la pandemia entre hombres y mujeres (Scott, 2011).
Participantes
El estudio se llevó a cabo en la zona metropolitana de
Guadalajara, México entre abril y septiembre de 2020. Se conformó una muestra
de diez mujeres y tres hombres (sin rechazos de participación). En la tabla 1
se presentan a detalle algunos datos de los participantes.
Tabla 1. Datos demográficos de las y los
participantes.
Informante
|
Edad |
Nacimiento |
Nivel
educativo |
Lugar
de residencia |
Estado
civil |
Hijos |
Nivel socioeconómico |
Femenino |
26 |
Guadalajara |
Licenciatura |
Guadalajara |
Soltera |
Cero |
Clase media |
Femenino |
28 |
Guadalajara |
Licenciatura |
Zapopan |
Soltera |
Cero |
Clase media |
Femenino |
37 |
La Paz, Baja California Sur |
Secundaria |
Zapopan |
Casada |
Tres |
Clase media-baja |
Femenino |
30 |
Guadalajara |
Licenciatura |
Zapopan |
Soltera |
Cero |
Clase media |
Femenino |
32 |
Guadalajara |
Preparatoria |
Zapopan |
Separada |
Uno |
Clase media |
Femenino |
21 |
Jiquilpan, Mich. |
Estudiante de licenciatura |
Guadalajara |
Soltera |
Cero |
Clase media |
Femenino |
56 |
Guadalajara |
Licenciatura |
Zapopan |
Viuda |
Cero |
Clase media |
Femenino |
36 |
Guadalajara |
Secundaria |
Guadalajara |
Casada |
Dos |
Clase media-baja |
Femenino |
40 |
Oaxaca (comunidad indígena). |
Primaria trunca |
Zapopan |
Unión libre |
Tres |
Clase media-baja |
Femenino |
22 |
Oaxaca (comunidad indígena). |
Primaria trunca |
Zapopan |
Unión libre |
Dos |
Clase media-baja |
Masculino |
35 |
Michoacán |
Secundaria |
Zapopan |
Separado |
Uno |
Clase media |
Masculino |
41 |
Michoacán |
Preparatoria |
Zapopan |
Casado |
Cero |
Clase media |
Masculino |
27 |
Guadalajara |
Ingeniería |
Tlaquepaque |
Soltero |
Cero |
Clase media |
Nota. Esta tabla muestra las
características demográficas de los participantes de acuerdo con su lugar de
residencia, nivel educativo, estado civil y nivel socioeconómico.
Instrumentos
El instrumento utilizado fue la entrevista semiestructurada, la
cual incluye datos demográficos, situación actual que viven los participantes,
personas con quien convive y se comunica por medios externos, áreas de la vida
afectadas o pausadas, actividades en el hogar, presencia de conflictos y
tensión, y hábitos cotidianos
Procedimiento y
resguardo del material
Considerando las restricciones de sana distancia impuestas por el
Gobierno de México a causa de la pandemia generada por el COVID-19, las entrevistas
se realizaron mediante llamada telefónica y videollamada (acorde a la
accesibilidad tecnológica de los y las entrevistadas). Las entrevistas se
agendaron previa cita telefónica. A las y los participantes se les especificó
que la finalidad de la entrevista era conocer sobre su experiencia ante el
COVID-19.
La duración de la entrevista osciló entre los 35 minutos y los 60
minutos, antes de su aplicación se les solicitó a las personas que buscaran un
espacio tranquilo en donde no fueran interrumpidos, debido a que cada
participante se encontraba en su hogar en ese momento. Antes de iniciar la
entrevista se les informó a los participantes los objetivos del estudio y se
les aseguró confidencialidad, anonimato y uso exclusivamente académico de sus
relatos, respetando de esta manera la protección de datos personales
Los criterios de inclusión se asociaron a contar con la mayoría de
edad, pertenecer a la clase media-baja o media, contar con un máximo de
estudios de licenciatura, pertenecer a la zona metropolitana de Guadalajara,
Jalisco, México, sin importar el estado civil. Las entrevistas fueron
realizadas por una única investigadora, de género femenino, con formación en
psicología.
La información se recabo por escrito y grabación para su
transcripción literal. Los datos se resguardaron y archivaron solo con el
nombre inicial y un número de folio para garantizar el anonimato y solo fueron
revisados por las autoras de este texto.
El proceso de transcripción, análisis e interpretación de los
datos se llevó a cabo por dos investigadoras mujeres, una con formación en
psicología y la otra con formación en psicología, maestría en psicología social
y doctorado en ciencias sociales. Esto permitió que en el proceso
interpretativo se cumplieran con criterios de rigor y validez tales como
triangulación por investigadoras, observación persistente, auditoria de
dependencia y reflexividad. Además, para el análisis se hizo una codificación
abierta basada en un proceso inductivo y circular, posteriormente se efectuó
codificación axial, la cual consistió en la subdivisión de categorías en el
programa Excel y el uso de tablas dinámicas las cuales se subdividieron por
pregunta efectuada, de forma que se pudieran obtener similitudes y diferencias
en lo expresado por los y las entrevistadas. Como resultado del análisis
emergieron las categorías de: 1) conflictos y tensiones psicoemocionales y, 2)
de significados e interpretaciones.
Aspectos
éticos
El proyecto de investigación fue presentado en el Coloquio
Estudiantil de la Maestría de Terapia Familiar del Instituto Tzapopan. En ese coloquio el proyecto fue evaluado por el
claustro de profesores expertos en metodología del Instituto. A su vez, el proyecto
fue evaluado Comité de Ética de Investigación del Instituto Tzapopan,
el cual se encuentra en proceso de registro.
RESULTADOS
Conflictos y tensiones
psicoemocionales
Experiencias tensionantes
Para las mujeres los aspectos que generan tensiones y malestar
emocional se relacionan con las restricciones para salir a pasear, con no poder
realizar actividades recreativas como: ir al parque, a la plaza, al cine, etc.
Nueve de las entrevistadas consideran la presencia permanente de los hijos en
casa como una fuente de conflicto, estrés y tensión, pues no saben cómo manejar
las horas de ocio y estudio de sus hijos.
Otros elementos tensionantes entre los
entrevistados y sus parejas derivan de la incompatibilidad en los horarios de
trabajo/ocio, el cuidado e higiene de los niños. Además, discuten con
frecuencia por el ingreso económico. En general, las y los participantes
consideran que su paciencia se ha visto reducida. Solo dos mujeres indican que
no se ha presentado ningún tipo de conflicto.
“Solo las actividades de la casa, porque mí mamá y yo hacemos las
cosas de diferente forma y mí mamá es de, todo organizada y así. Y yo no soy
tan organizada, yo no me preocupo tanto por el orden” (informante femenino,
edad 20 años, nivel educativo sexto semestre de licenciatura).
“No siento que se estén generando, porque casi no nos vemos, todos
en casa seguimos en actividades normales, los únicos que son los niños, pero
ellos están ocupados con los trabajos de la escuela” (informante femenino, edad
37 años, nivel educativo secundaria).
Los hombres señalan que el encierro los lleva a discutir más con
la pareja. Dos de ellos refieren que los conflictos surgen debido al
aburrimiento. Por último, el participante que vive solo considera que no se han
presentado conflictos en su vida durante la pandemia.
“Hemos discutido más porque todos estamos en casa y mi esposa no
hace nada, y quiere que yo le ayude en todo lo que ella no hace” (informante
masculino, edad 35 años, nivel educativo secundaria).
“No he tenido conflictos, porque vivo solo” (informante masculino,
edad 27 años, nivel educativo ingeniero).
Emociones y
sentimientos recurrentes
Las emociones y sensaciones reportadas por parte de las mujeres
son ansiedad, estrés flojera, apatía, frustración, impotencia y aburrimiento.
El estrés se debe principalmente a tener que combinar las horas laborales con
el cuidado de los hijos y del hogar, la apatía se debe a los días que llevan en
aislamiento, la ansiedad y frustración se generan por no poder realizar sus actividades
libremente y por lo incontrolable e impredecible que resulta la pandemia. Dos
de las participantes reportaron enojo, desesperación, depresión, insomnio y
preocupación. Una indicó que durante la pandemia se ha sentido alegre y más
cercana a su familia, lo cual parece estar vinculado con que hay más tiempo
para la convivencia con los hijos y el estar en casa.
“Siento mucha desesperación, enojo y ansiedad porque no puedo
hacer mis cosas como antes, ni siquiera puedo estudiar como antes” (informante
femenino, edad 21 años, nivel educativo estudiante de licenciatura).
“Siento mucha frustración, soledad, impotencia y preocupación,
porque no puedo ver a mis papás, si les hablo, pero tengo muchos días que no
los veo, además no puedo salir libremente” ” (informante
femenino, edad 26 años, nivel educativo licenciatura).
Dos de los hombres reportaron aburrimiento, estrés y flojera
debido a que no pueden salir, ni viajar y mucho menos asistir a espacios de
esparcimiento. Uno dijo sentirse alegre y para otro de ellos le fue imposible
definir cómo se sentía.
“Me siento muy aburrido y desganado, porque no puedo salir, ni
viajar” informante masculino, edad 41 años, nivel
educativo preparatoria).
“Ni siquiera sé que siento, no puedo definirlo” (informante
masculino, edad 35 años, nivel educativo secundaria).
“Me siento alegra, puedo hacer más cosas que antes” (informante
masculino, edad 27 años, nivel educativo ingeniería).
Las dificultades a
partir de la pandemia
Para las entrevistadas solteras lo más difícil ha sido dejar de
asistir a la universidad y tomar las clases en línea, pues les es muy
complicado entenderlas, seguir las indicaciones y es más pesado estudiar de
esta manera. Las madres de familia consideran el no pasear con los hijos como
lo más complicado, pues los espacios en casa tienden a ser reducidos y ellos se
aburren fácilmente de las actividades que pueden realizar en casa. En segundo
lugar, mencionan que no poder trabajar fuera de casa es muy difícil pues es una
actividad que las distraía, les permitía generar ingresos y sentir deseos de
estar en casa. En ese sentido, es posible observar que tal como Castañeda
(2019) señala el trabajo remunerado en la actualidad tiene otros significados
para las mujeres y forma parte de los referentes que constituyen su identidad.
En tercer lugar, las mujeres colocan las restricciones para
visitar a la familia, salir con amigos o asistir al gimnasio como fuentes de
malestar. En cuarto lugar, el no poder entender porque la gente tiene miedo y
ver que hay muchos absurdos en lo que hacen, por ejemplo, las compras
desesperadas en el supermercado donde además de todo hay mucha gente. Por
último, dos de ella indican no haber vivido nada complicado en este periodo, ya
que no han trastocado sus ritmos de vida.
“Para mi ha sido el no trabajar, apenas teníamos poquito con
nuestro negocio de flores y tuvimos que cerrarlo, eso ha sido muy duro para mi
y mí familia” (informante femenino, edad 40 años, nivel educativo primaria
trunca).
“El aislamiento ha sido muy duro, sobre todo de (el) no poder
sacar a mis hijos a pasear, ellos ya no se aguantan en la casa, yo me siento
frustrada y no poder salir libremente ha sido muy feo” (informante femenino,
edad 22 años, nivel educativo secundaria).
“Dejar mi rutina y escuela, se modificó todo lo que hacía, hasta
el lugar en donde vivía, eso ha sido muy difícil” (informante femenino, edad 21
años, nivel educativo estudiante universitaria).
Los hombres reportan que lo más complicado es el no poder salir
libremente con los hijos. En segundo lugar, genera tensión el no saber cómo
explicarles a los niños lo que está pasando. En tercer lugar, se experimenta
malestar por tener que quedarse en casa o el realizar el trabajo desde casa.
Por último, sólo uno de ellos mencionó la presencia de insomnio por las noches.
“No poder estar con mi hijo, porque mí pareja se lo llevo” ” (informante masculino, edad 35 años, nivel educativo
secundaria).
“El insomnio por las noches, antes no me pasaba” (informante
masculino, edad 27 años, nivel educativo ingeniería).
Significados e
interpretaciones
Significados generados
ante la palabra pandemia
Las mujeres consideran la palabra pandemia como algo: muy grande,
grave, mundial, fuera del alcance, que te limita, algo irreal, que ahoga, que
genera flojera, que no hace sentir segura, que genera terror, preocupación, que
da asco. Solo dos personas consideran que es algo irreal, no tan grave, por lo
que no sienten nada.
“Algo muy grande y que esta fuera de mi alcance, no puedo hacer
nada” (informante femenino, edad 56 años, nivel educativo licenciatura).
“Pienso en lo que se puede convertir y sé que es grave”
(informante femenino, edad 30 años, nivel educativo licenciatura).
“Nada, creo en la enfermedad, pero no creo que sea tan grave” (informante
femenino, edad 37 años, nivel educativo secundaria).
Los varones la consideran algo asqueroso, que da hueva, que genera
miedo. Solo uno de ellos la interpreta como nada. Tal como se puede apreciar
tanto hombres como mujeres adjudican adjetivos y asocian emociones negativas
con la pandemia.
“Asco” (informante masculino, edad 41 años, nivel educativo
preparatoria).
“Miedo” (informante masculino, edad 27 años, nivel educativo
ingeniería).
“Nada” (informante masculino, edad 35 años, nivel educativo
secundaria).
Significados generados
ante la palabra cuarentena
Las mujeres piensan la palabra cuarentena como algo eterno, ante
lo que deben resignarse, algo a lo que le faltan meses, algo que las atrapa,
algo más feo que el parto, algo que las inmoviliza, como dolor, algo que
deprime, que encerramiento, algo que se debe aguantar, algo que no gusta, algo
pesado, algo que se desea que ya acabe, algo que sorprende. Solo una de ellas
la denomina como nada y como oportunidad para hacer muchas cosas.
“Bien, siento que puedo hacer muchas cosas, fea la del parto
(cuarentena) en esa no te puedes mover por el dolor” (informante femenino, edad
32 años, nivel educativo licenciatura).
“Esa palabra si me pesa un poco más, porque me imagino un
encierro” (informante femenino, edad 22 años, nivel educativo secundaria).
Los hombres la interpretan como desesperación, algo que restringe,
que genera hueva, que es aburrido y que genera tristeza. Uno de ellos no logro
definir como la interpreta.
“Desesperación” (informante masculino, edad 41 años, nivel
educativo preparatoria).
“Miedo” (informante masculino, edad 27 años, nivel educativo
ingeniería).
“Tristeza” (informante masculino, edad 35 años, nivel educativo
secundaria).
Recursos para la
contención psicoemocional
Tanto hombres como mujeres han mantenido el contacto con sus amistades
a través de WhatsApp, Facebook, Instagram o llamadas directas. La totalidad
de las y los participantes enfatizaron que antes de la pandemia sus
interacciones con sus amistades eran mayormente cara a cara, sin embargo,
actualmente las redes sociales les han permitido estar en comunicación con sus
amistades una o dos veces por semana y sentir que siguen cerca pese al
confinamiento.
En el caso de las mujeres en concubinato o casadas, la red de
apoyo más activa para ofrecer ayuda durante la pandemia está conformada por
la familia nuclear, el esposo o los roomies. De modo más periférico aparecen
como apoyo los hijos que ya están casados. Para las mujeres solteras el
principal apoyo lo ofrece la familia nuclear, el novio o los amigos cercanos y
en última instancia los compañeros de trabajo. Solo una de ellas menciona a su
terapeuta.
Los hombres colocan como principal actor de apoyo a sus esposas y,
en segundo lugar, a la familia nuclear. Solo uno de ellos indicó que no
necesitaba ayuda de ninguna persona.
Es interesante que los hombres colocan a sus esposas como principales
fuentes de apoyo, mientras que las mujeres hablan de la familia nuclear. Esto
podría deberse a lo que en trabajos previos se ha denominado feminización del
cuidado (Contreras y Hernández, 2019) y que consiste en situar a las mujeres
como las principales proveedoras de apoyo, cuidado y atención de otros, ya sean
hijos, enfermos, parejas, ancianos, etc.
DISCUSIÓN
Los resultados arrojados en cuanto a las experiencias e impactos
psicoemocionales evidencian que la pandemia generada por el COVID-19 afecta
negativamente de diversas maneras a las personas, sus relaciones, sus emociones
y su vida cotidiana, lo cual acarrea depresión, ansiedad o estrés, tal como ya
se ha documentado en estudios previos, por ejemplo, el realizado por Ozamiz-Etxebarrria et al. (2020), quienes encontraron niveles
altos de ansiedad y estrés en jóvenes y personas con enfermedades crónicas.
Algunas de las emociones negativas manifestadas por los
informantes están asociadas con que se han restringido las prácticas de
esparcimiento, las actividades laborales, hay mayor demanda para el cuidado,
educación y crianza de los hijos y de las hijas. Además, la experiencia del
COVID-19 ha marcado las pautas y delimitado las posibles actividades que
realizan las personas para ocupar su tiempo durante el aislamiento. Las
diferencias entre las respuestas evidencian que la experiencia de la pandemia
se vive diferenciadamente por hombres y mujeres debido a las imposiciones del
sistema sexo/genérico. En ese sentido, se observa que el orden social de género
efectivamente determina actividades en función de los roles de género que se
han construido, reproducido e introyectado en la vida cotidiana de los sujetos
hombre y mujeres. En el caso particular de las mujeres signándoseles y
asociándoseles con tareas de cuidado de otros, con funciones de cuidado del
hogar y la maternidad (Lagarde, 1990).
De ahí que se considere la experiencia del COVID-19 como una
encrucijada ante la cual, cada sujeto tendrá que elegir de modo subjetivo cómo
enfrentarla, desde sus posiciones y atravesamientos sociales (de estado civil,
de género, de situación económica). En relación con esto coincidimos con la
visión cibernética de Keeney (1991), ante la que se
argumenta que un cambio en la dinámica cotidiana genera autocorrecciones
positivas o negativas, dependiendo de la edad y necesidades que se estén
resolviendo en ese momento, por lo tanto, determinaran una respuesta automática
ante la situación, activando a su vez una respuesta de tensión o placer que
modificaran y reajustaran las emociones y percepción de la experiencia como lo
mencionaron Minuchin y Fishman (1983).
Se considera que existen elementos de evasión en ambos sexos, pues
ninguna de las personas mencionó la posibilidad de contraer el virus y los
gastos que esto implicaría. Esta respuesta puede definirse como una “pauta
transaccional” (Minuchin, 1986) presente en la narrativa y acciones de las
personas encontrando así en el “contexto del dialogo una verdad de conexiones
recursivas” (Keeney, 1991 p, 217). En donde la
evasión pudiera ser una forma de escape o de negación de una realidad que de
alguna manera nos sobre pasa en lo individual y en lo social.
Los cambios permanentes o momentáneos confrontan al sistema, lo
desafían y generan un reacomodo en él, estos movimientos fracturan su
programación lo que posibilita la modificación de su experiencia y de la forma
en que se enfrenta a los problemas. Ante esta acomodación la persona
desarrollara estrategias compensatorias que den respuesta a esa necesidad
inmediata como lo es el mantenerse en contacto con las amistades intensificando
el uso de redes sociales digitales y del celular. Estos patrones de conducta
adoptados por los entrevistados favorecerán la asimilación de la experiencia
del COVID-19, además de influir de forma positiva en el proceso psicoemocional
de la persona, ya que estos enmarcan sucesos reiterados (Boszormenyi
y Spark, 1983). Por lo anterior se reafirma que, tal
como señala Pacheco (2003), uno de los elementos fundamentales para lograr una
adecuada salud emocional es mantenernos en relación con los otros, aunque sea a
través del uso de las nuevas tecnologías.
Por otro lado, coincidimos
con Pacheco (2003) al indicar que la percepción de un suceso influye en el
significado e interpretación que se elabore del mismo, dejando al descubierto
en este caso las vulnerabilidades y las áreas de oportunidad de la persona.
Consideraciones
finales
Reconocemos que la experiencia del COVID-19 es distinta para
hombres y mujeres, así como para personas solteras o casadas, etc., sin
embargo, que estas diferencias no están dadas por factores biológicos o
“naturales” sino por los roles que en un sistema sexo/genérico se les han
asignado a las mujeres. En ese sentido, observamos que hay múltiples factores que
permean e influyen en la respuesta psicoemocional que las personas le otorgan
este suceso. En el caso de las mujeres el malestar expresado está asociado con
que los roles sexo/genéricos impuestos socialmente que las han situado como
cuidadoras de infantes y las actividades que realizan.
Por otro lado, en este artículo mostramos que las personas
experimentan numerosas y constantes emociones negativas asociadas con la
pandemia, por ello consideramos que una vez que termine la pandemia habrá otros
retos y problemáticas psicoemocionales y relacionales a enfrentar, por ejemplo,
el síndrome de la cabaña (causado por el aislamiento social), los brotes de
ansiedad, depresión, y los múltiples problemas relacionados con, las tensiones
que se generaron en la convivencia con la pareja y los hijos, entre otros. Ante
esto, los profesionales de la salud nos vemos ante el reto de dar respuesta, a
través de modelos de intervención psicoeducativa o de atención clínica desde
los diversos modelos psicológicos, a las demandas que esta nueva realidad nos
depara tanto a nivel psicológicos, emocionales, relacional e incluso económico,
privado y público. De ahí la importancia de naturalizar las emociones y validar
la experiencia siendo esta una nueva forma de estar y de contribuir al cuidado
del otro, pues como lo mencionan Medina (2018) nos construimos en relación y
con los otros. Por ello, para superar este trance será fundamental activar los
elementos de soporte que faciliten la externalización de las limitantes de
movilidad, del cambio de ritmo de vida, del impacto emocional y de los
elementos tensionantes que la experiencia del
COVID-19 pudo generar en los participantes.
ORCID
Bersabee Aguirre Gutierrez https://orcid.org/0000-0001-8536-4812
Karla Alejandra Contreras Tinoco
CONTRIBUCIÓN DE LOS
AUTORES
Bersabee
Aguirre Gutierrez: conceptualización, método,
validación, análisis formal, investigación, curación de datos, escritura, administración
del proyecto.
Karla
Alejandra Contreras Tinoco: conceptualización, metodología, validación, análisis formal,
escritura-borrador original, supervisión.
FUENTE DE FINANCIAMIENTO
Este trabajo se llevó a cabo sin
financiamiento de organismos o secretarías de investigación.
CONFLICTO DE INTERESES
Los autores expresan que no hubo
conflictos de intereses al redactar el manuscrito.
AGRADECIMIENTOS
Agradecemos
especialmente a las personas que voluntariamente participaron en las entrevistas
de esta investigación.
PROCESO DE REVISIÓN
Este estudio ha sido revisado por pares externos en
modalidad de doble ciego. El editor encargado fue David
Villarreal-Zegarra. Se
adjunta los comentarios de los pares y respuesta de los autores como material
suplementario 1.
DECLARACIÓN DE
DISPONIBILIDAD DE DATOS
Los autores adjuntan las transcripciones de las
entrevistas como material suplementario 2.
DESCARGO DE
RESPONSABILIDAD
Los autores y los editores son responsables de todas las afirmaciones
realizadas en este artículo.
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